PAELLA ICONO-CLASTA Y ESTULTA
Residencia del Ilustrísimo
Don Juan Carlos Rodríguez (Charly)
Conserje General y Presidente del Consejo Táctico y Estratégico de la AEAL
Nota introductoria
Un número innecesariamente considerable de académicos y académicas de la Academia Estúpida de las Artes y las Letras decidió reunirse alrededor de una paella. No alrededor de una idea, ni de un problema, ni siquiera de una mesa limpia, sino alrededor de una paella de marisco elaborada por nosotros mismos, a la vista de todos, como corresponde a cualquier acto solemne que aspire al disparate.
La receta fue respetuosa con la tradición solo hasta cierto punto. Además de arroz, gambas y otros sospechosos habituales, se incorporaron cantos rodados recogidos en la playa valenciana. La justificación fue científica, poética y completamente irrebatible: estas piedras, tras siglos de inmersión marina, habían absorbido la sustancia, la sal, la memoria y el aroma del mar. Era lógico, por tanto, que aportaran al arroz un sabor profundamente marinero, mineral y ancestral. Y así fue, o así nos lo contamos mientras las chupábamos con devoción paleolítica.
La liturgia continuó con una cubertería cuidadosamente inutilizada. Cucharas con orificios generosos para favorecer la fuga del grano, tenedores doblados en ángulos hostiles y otros con los pinchos desorientados, cada uno siguiendo su propio camino vital. Como servilleta, una compresa de gran formato prendida al hombro, eficaz para secarse el morro con tan solo un movimiento de cuello.
Tras la comida, no tuvieron lugar tres intervenciones oratorias sobre la «Necedad del Arte», la «Necedad del ser humano» y la «Necedad de la propia Necedad». Estas no-ponencias fueron celebradas con entusiasmo silencioso y sus responsables fueron felicitados con efusión e infusión de poemas aleatorios. Durante ellas, la mayoría de los compromisarios académicos durmieron la siesta o contaron chistes a los árboles circundantes, que reían a rama batiente. Es sabido que los árboles poseen un fino sentido del absurdo y agradecen ser tenidos en cuenta.
La jornada fue tan estulta que todos y todas las artistas e intelectuales asistentes quedaron profundamente satisfechos; tanto, que se acordó volver a reunirse en el futuro, pero por separado, cada cual en el lugar que prefiera, para no tener que escuchar a tantos cretinos juntos. Estas reuniones consolidan de forma claramente exagonal y protuberante los objetivos de la Academia.
En resumen, una paella deliciosa, un festín de piedras ancianas y sabrosas, y una hermandad manifiesta que nos honra como colectivo. Un encuentro rico en proteínas artísticas, minerales conceptuales y una Estultisofía exuberante que, una vez más, demostró que el hambre también piensa, aunque lo haga mal.